jueves, 6 de diciembre de 2012

Nunca fuimos un nosotros.

— «¿Por qué esas lágrimas?» — 
Pregunte al verlo arrecostarse al frágil marco de la puerta de nuestra habitación.
— Son por ti. — Respondió.
No le creí. 
— ¿Seguro que por mi? — Pregunté con cierto sarcasmo.
— ¿O por nosotros? O quizás por lo que hiciste. — Dije  cuando el tomaba aire para contestar.
— Por todo. Porque todo ha terminado ¿O me equivoco? — Preguntó con tono bajo.
— No sabría responderte con exactitud, no sé si quiera continuarlo o terminarlo — Dije confundida.
Le dí la espalda y pensé, me hable a mi misma, me sinceré y dije:
El me ama y quizás yo a él, tenemos una historia pero...
Me alejé... Me alejé de él por su inmadurez y sus cambios.
Si yo había cambiado, el lo había hecho el doble. Era celosamente obsesivo.
Había dejado de acariciarme, por empezar a acosarme, por ahogarme.
Hacía preguntas que ni yo sabía responder, realmente estaba ahogándome.
Y yo, como mujer joven y de alma liberal que soy, no quería seguir permitiéndome eso.
Ya era suficiente con las restricciones de mi padre, para que un ajeno me prohibiera más cosas.
— ¿En que piensas? — Preguntó interrumpiendo mi dilema personal y mental. — 
No le respondí, no quería iniciar otra discusión.
—No estés indiferente conmigo, por favor, ya no más. — Exigió.
—  No estoy indiferente, estoy evitando que nos hagamos daño. 
No estamos distantes, estamos distintos. 
Ya no somos un nosotros, lo peor es que nunca lo fuimos. 
Nos gustamos, quizás llegamos a amarnos pero ya no más. 
— Quiso interrumpir y no se lo permití. — Déjame terminar — Exigí. 
Basta, me ahogaste, yo de verdad no quería lastimarte, pero iba a hacerlo de igual modo.
De mi, siempre te gustó mi sinceridad y es lo que quiero darte ahora. 
Vamos a rehacer nuestras vidas con personas distintas, en caminos distintos.
Entre nosotros se creó desconfianza sin motivos, se creó distancia sin estar lejos.
— Sabíamos que esto iba a pasar. — Dijo. 
— Exacto, sabíamos que esto iba a pasar y ya está pasando. 
— Bajo su mirada y dijo Adiós. — 
— ¿Te dolió? — Preguntó mi voz interna. — Si. — Le respondí. 
Pero al final supe,que hice lo correcto, porque aunque me quedé con su corazón, sé que alguien va a quitármelo y devolvérselo.



Beatriz Urdaneta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario