viernes, 19 de julio de 2013

No todo fue mal.

No sé si recuerdas que soy muy detallista, solía decírtelo todo el tiempo.
Y aunque odiaba las matemáticas, irónicamente me encantaba contar.
Y fue así como mi forma de ser tan detallista y mi alocada pasión por contar se unieron.
Y fue así, también como empecé a contar cada vez que me ignorabas...
Cada vez que dejabas de hablarme por hacer algo de tu trabajo...
Cada vez que te decía "ven a acostarte ya, que tengo que contarte algo" y siempre quedabas dormido a mitad de la historia, muchas veces al comienzo.
Cada vez que me decías "cuando necesites algo, llámame" y cada vez que necesité de ti y no atendiste.

También, solía fijarme en como tus expresiones cambiaban con el tiempo, como tus sonrisas se desvanecían cuando estaba a tu lado y como las cosas que solíamos hacer juntos empezaban a aburrirte.
Me fijaba también en como las llamadas a tu celular eran recurrentes y de como el perfume que "usaba tu madre" empezaba a impregnarse en tu ropa, sabiendo los dos muy bien que tu madre era alérgica a ese tipo de olores. 

Pero no todo fue mal,  ya que me aprendí las excusas y mentiras que nunca más volveré a creer y a reconocer cuando alguien es infiel. Aprendí también que lo que yo creía mis defectos, terminaron siendo mis virtudes. 
Aprendí a dejar ir a quien simplemente no quiere estar y finalmente, que es mejor llorar con la verdad que fingir reír con miles de mentiras. 

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